También deberían de borrar los mensajes referidos a ella, no debe ser muy lindo saber que tú ex contó cosas de tu intimidad en un foro, es lógico que este enojada…
Basta sang, no te la vas a levantar
Tiene unas ganas el gordito Sang de que Anabella se ponga la cinturonga y le de masa…
No nececito, okk?? Ya dije, sufro la maldición del hombre alto, sin importar que, siempre voy a tener a una petisa (1,50 para abajo) detrás mío, lo malo es que me gustan las altas…
Basta gordo, sos el único que tiene esa fantasía, deja de proyectar tus homosexualidades en los demás…
Yo si
Ok?
Que onda, pensé que Anabella ya había soltado. No sabía que seguía registrandose y participando del floro.
Voy a estar mas atento a este tema que nunca entro (?
Cantidad de difamacion ok?
Acabo de llegar a casa. Una noche de ensueño.
Como todos sabemos, es navidad. Se habían hecho las 00h y yo estaba medio triste porque la pasé solo, sin familia ni amigos con quien brindar. Estaba por acostarme a dormir, pero se me ocurrió ver un poco las redes. Entonces me metí a instagram y fui mirando las historias de las personas que sigo. Muchas jovencitas y mujeres lindas, debo decir. Pero hubo una que me cautivó. 53 años, no tan flaca, excelentes pechos (de esos que entran perfectos en una mano semi cerrada), un culo que me pareció una locura, vestida de rojo y blanco. Una auténtica madura. Mamá Noel, pensé. Primero le puse corazocito… pero al rato, después de toquetearme mirándola, fui por más. “A usted la pedí para Navidad, y no la veo en ningún lugar de mi casa”. Ella rió con una risa larga: “Jajajaja”. Luego, agregó: “Capaz la cartita no le llegó a Papá Noel, pero creeme que si le hubiera llegado, me tendrías ahí.” Hmm… -pensaba-. Sos muy, muy linda, le dije, y le pedí disculpas por mi atrevimiento. No, por favor -respondió- es todo un halago que un bebé como vos me diga esas cosas…
Hablamos por largo rato, unos veinte minutos. Ya cuando me iba a despedir, puesto que no quería molestar demasiado, ella me dice: ¿No salís? Le respondo que no, y ela me dice que tampoco sale. “Ah, una joda tremenda la nuestra”, digo. Ella se ríe. Y de la nada me invita a su casa. Por supuesto que acepto, con cierta vergüenza. “Ahora ya nos vamos de acá y pasamos a buscarte”.
Me quedó en la cabeza el abandono de la primera persona del singular. ¿Qué fue eso de “nos vamos” y “pasamos a…”?
Pí-pí. Tocan bocina y salgo. Me abren la puerta de atrás. Entro y encuentro a mi madurita de conductora y a una teen en el asiento de acompañante. Hmm, hoy es mi día de suerte, pensé. Llegamos a la casa de la madurita y, al entrar a la habitación, como si supiera mi pensamiento, me dice: hoy es tu día de suerte. Y me presentó a Sofía, su hija de 19 años recién cumplidos.
-Hacía rato que queríamos experimentar un trío, pero no encontrábamos al hombre indicado. Hasta que te vimos…
A mí por poco ya se me caían las babas. Entonces Sofía me tiró a la cama, se sentó encima mío y empezó a besarme. Le saqué la remerita musculosa y luego la mini de jean. Un culito divino, redondito, pequeño… De repente irrumpió la madurita, que por cierto se llama Claudia. Se sentó al lado e hizo un chiste como que la estábamos dejando de lado. Entonces Sofía se levantó y empezó a besarse con su madre, que de a poco fue acercando su mano hacia mi pene para empezar a frotarlo suavemente; sentí que mi miembro había llegado a su techo máximo de 14cm clavados. No aguanté más y me acomodé para que me saquen el pantalón. Entonces pasó lo que tenía que pasar… las dos caritas mirándome mientras todo mi ser vibraba y volaba de pasión. Comenzaron a pasarme la lengua y a decirme cosas como “te gusta?”, “nos encanta tu pija”, “estás muy rico”. Entonces me incorporé y las aparté, puse en cuatro a Claudia y empecé a fornicarla por el culo. Y atención, porque aquí viene el percance sexual. De repente, en la agitada noche del cuarto silencioso, se escuchó el sonido de un gas. Sofía sonrió; Claudia, que estaba un poco ebria, se avergonzó. Entonces la saco y en la puntita me encuentro con un pedacito de mantecol carbonizado. Claudia se agarró la cara, no sabía dónde esconderse… Entonces le digo que no pasa nada, y cuando intento darme vuelta para irme a limpiar al baño, Sofía me frena, abre su boca y… ya saben. La miramos algo horrorizados, y ella, con una sonrisa pícara, nos dice: ¿qué tiene de malo? Amo el mantecol.
Todos nos reímos. Luego Claudia se lavó la cola, yo el pito y Sofía la boca. Olvidamos el percance y seguimos con nuestra noche… la cual acaba de terminar hace media hora. Una locura, un sueño hecho realidad.
Quedamos en vernos en año nuevo. Pero con la condición de no comer mantecol luego de la cena…